Los beneficios reales de los alimentos sin conservantes ni colorantes

beneficios reales de alimentos sin aditivos

Un simple paseo por cualquier tienda de barrio o por los supermercados más grandes de nuestra ciudad nos hará entender perfectamente la realidad de la producción y manipulación de la comida que nos llega en nuestros días. Alimentos que incorporan en muchas ocasiones aditivos especiales, como colorantes o conservantes artificiales, para mejorar su aspecto, para alargar su tiempo de “vida útil” y retrasar su caducidad, o simplemente para conseguir que su sabor sea más intenso. Llevamos toda la vida tomando este tipo de alimentos con aditivos, pero en los últimos años la gente parece no estar muy convencida con ellos.

Y es que este tipo de alimentos son procesados posteriormente a su recolección, en el caso de las frutas, verduras y hortalizas, o de su manufactura, en el caso de la carne, el pescado en conserva y derivados de la leche o bebidas. No son productos cien por cien naturales, a diferencia de los alimentos ecológicos, pero eso tampoco quiere decir definitivamente que sean dañinos para nuestro organismo. De hecho, es imposible que algunos productos existan siquiera sin este tipo de aditivos, sobre todo los conservantes, que permiten que ese producto se mantenga en buenas condiciones por más tiempo.

Los alimentos sin conservantes y colorantes ¿son buenos o malos?

Hablamos, por ejemplo, de los derivados de la leche o de la mayoría de bebidas, incluyendo los zumos supuestamente naturales que también se venden sin “conservantes”, pero cuya caducidad va más allá de varias semanas, algo ilógico y seguramente falso. En primer lugar hay que decir que no debemos tener miedo per se por los aditivos, ya que la inmensa mayoría de ellos han sido probados durante largos procesos para determinar que no supongan un riesgo para el ser humano. La mayoría de colorantes y conservantes son realmente inofensivos para nuestro organismo, pero bien es cierto que con ellos, un alimento deja de ser cien por cien natural.

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¿Debemos entonces dejar de discernir entre alimentos con aditivos y alimentos cien por cien naturales? En algunos casos sí, porque no nos quedará más remedio, ya que hay productos que se miren por donde se miren los van a llevar, pero en otros tal vez podamos confiar más en los productos cien por cien naturales. Todo lo que sean frutas, verduras y hortalizas, por ejemplo, pueden llegar a nuestras manos sin haber sido manipuladas con ningún tipo de aditivo, creciendo de manera orgánica y natural. Su caducidad será más corta, pero si las vamos a consumir enseguida eso no tendría que importarnos.

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Con esas frutas cien por cien naturales sí que podemos hacer nuestros propios zumos caseros, sabiendo desde el principio que no llevarán aditivos porque nosotros no se los pondremos. Algo parecido ocurre con la carne, que puede ser también cien por cien natural y orgánica siempre que el animal haya sido bien alimentado y el proceso de despiece y manufactura de la carne se haya realizado igualmente de forma natural. El principal beneficio de todo ello es que a menos procesamiento de los alimentos, las cualidades nutritivas de los mismos seguirán siendo igual de buenas, al ser más naturales.

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Hay que aclarar igualmente que los propios alimentos ya traen de por sí muchos colorantes y conservantes, de manera natural, algo que resulta obvio porque de lo contrario muchos de ellos no tendría el color que tienen ni durarían lo suficiente para ser consumidos. En este sentido, son aditivos cien por cien naturales, y el riesgo para la salud es menor, aunque es cierto que las empresas bioquímicas se esfuerzan día a día por conseguir unos aditivos artificiales que sean lo más inocuos posibles y que solo afecten al color o a la caducidad de los alimentos que los lleven.