¿Es malo el aceite de palma?

es malo comer aceite de palma

Aunque la atención mediática no suele fijarse en la alimentación, es verdad que de vez en cuando se centra en elementos presumiblemente nocivos, como el aceite de palma, que tienen un papel muy destacado en la industria alimentaria. Muchas de estas opiniones vienen de la mano de presuntos expertos de dudosa reputación y se abusa del sensacionalismo en la búsqueda de la mayor audiencia posible y se crea cierta alarma social. Pero… ¿realmente es malo el aceite de palma o es otra leyenda urbana?

Los principales usos del aceite de palma

El aceite de palma es el aceite más usado del mundo, y lo encontramos en cremas y coberturas, snacks, pasteles, productos para untar, chips, aperitivos o alimentos precocinados, además de en los productos de limpieza, cosméticos o velas. Se produce a partir de los frutos de la palma africana, de ahí su nombre, y está sustituyendo a las grasas hidrogenadas, muy perjudiciales para la salud. La contrapartida es que es un aceite muy rico en grasas saturadas, por lo que no es precisamente la alternativa ideal a estas grasas hidrogenadas.

riesgos de reutilizar el aceite

Debido a ese exceso de grasas saturadas, que no son nada saludables, se recomienda no abusar del aceite de palma, que impide un equilibrio nutricional. A causa de este importante uso del aceite de palma en todo tipo de alimentos desde diciembre de 2014 es obligatorio que los fabricantes reflejen en la etiqueta el uso del aceite palma en sus productos. Se trata de una normativa comunitaria, y esta obligatoriedad de especificar el aceite usado (antes el “aceite vegetal” englobaba todos los tipos de aceite) fue la primera en entrar en vigor.

Los peligros para la salud del aceite de palma

Se calcula que cada europeo consume de media casi 60 litros de aceite de palma al año, mientras que no llega al litro de aceite de oliva. El consumo de aceite de palma involuntario es casi imposible de evitar, y sus consecuencias pueden ser graves. Su principal peligro son los ácidos grasos saturados de cadena larga, que representan la mitad de las grasas del aceite de palma. Un consumo regular y prolongado de estas grasas implica un aumento del colesterol LDL en sangre, duplicando el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

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Dicho de otra manera, los ácidos laúrico, palmítico y mirístico del aceite de palma se acumulan en las arterias, taponándolas, evitando que el colesterol llegue a las células, donde se convierten en energía. Además de aumentar el colesterol malo reducen los niveles de HDL, el conocido como colesterol bueno. Más allá de los peligros cardiovasculares, los únicos que se han demostrado, hay quien asocia el aceite de palma al cáncer, aunque sin grandes investigaciones que lo apoyen.

El aceite de palma y medio ambiente, un problema adicional

Al margen de los peligros para nuestra salud, hay que destacar el devastador efecto medioambiental de la producción de aceite de palma, que indirectamente repercute de forma negativa sobre nuestra salud. Su producción se concentra en países como Malasia o Indonesia, países en problemas económicos que ceden espacios naturales para aumentar la producción. La deforestación de la selva ha puesto en peligro especies autóctonas de tigres, orangutanes o elefantes, además de los daños que sufre la población local.

Hay quien aboga por la prohibición del aceite de palma debido a los daños que provoca tanto para la salud como para el medio ambiente; pero es muy económico y lucrativo para la industria de la alimentación de ahí que hoy en día la prohibición sea una quimera. El daño llega si comemos a diario grandes cantidades de alimentos producidos con aceite de palma, así que la clave está en evitarlos cuando sea posible y, si hay que elegir, buscar los producidos con aceite de palma sostenible.